Ser Impecable
- quiroesme
- 12 ene
- 2 Min. de lectura

La impecabilidad no tiene que ver con ser perfecta, tiene que ver con ser coherente contigo misma.
Es ese lugar interno donde lo que piensas, sientes, dices y haces va en la misma dirección, alineado con tus valores más profundos.
Ser impecable no significa no equivocarse, sino actuar con honestidad interna, responder desde la conciencia y no desde el piloto automático. Significa asumir responsabilidad sin castigarte.
Cuando la impecabilidad nace de la conciencia, libera. Cuando nace del miedo, encadena.
Ser impecable contigo misma es cumplir tu palabra interna. Es respetarte en las decisiones pequeñas y grandes, ser auténtica y no traicionarte para agradar. De ahí nace una autoestima sólida, que no depende de la aprobación externa.
La impecabilidad también ordena y ahorra energía vital y emocional. No tienes que sostener dobles discursos ni justificarte constantemente. La incoherencia cansa… y mucho.
Una persona impecable sabe decir “no” sin culpa. No promete lo que no puede sostener. No se sobreentrega para ser querida.
Además, es una gran vía de autoconocimiento, porque implica una práctica constante de autoobservación consciente:
¿Desde dónde hablo?¿Desde dónde actúo?¿Esto es auténtico o es una reacción automática?
El problema aparece cuando confundimos impecabilidad con perfeccionismo. Ahí ya no nace de la conciencia, sino del miedo al error y del juicio interno severo. El resultado suele ser rigidez, ansiedad y bloqueo. Una autoexigencia disfrazada de espiritualidad: no permitirse emociones “incorrectas”, reprimirse para “ser mejor persona”, juzgarse por sentir rabia, cansancio o duda. Todo eso genera desconexión emocional y una culpa silenciosa.
Cuando la impecabilidad no incluye compasión, no hay espacio para el error, no hay permiso para aprender y no hay ternura hacia una misma. Y sin humanidad, no hay verdadero crecimiento.
La verdadera impecabilidad incluye:
· Presencia: dar lo mejor que puedes hoy
· Responsabilidad: aprender del error
· Amabilidad: no castigarte por no saber antes
“Hago lo mejor que puedo con el nivel de conciencia que tengo ahora.”
Desde ahí te sientes en paz, no en tensión. Te haces responsable sin culparte. Te permites corregir el rumbo. Tu exigencia nace del amor, no del miedo.
La impecabilidad no te pide que seas perfecta , te pide que seas honesta contigo, presente y amorosamente responsable.
Vivida así, se convierte en un acto de profundo respeto al alma. Distorsionada, se transforma en una prisión invisible.





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